El Walkman ha muerto, larga al Spotify

A primeros de octubre recibimos la noticias de que Sony había dejado de fabricar su Walkman; esto, sumado a la experiencia tan agradable que he tenido en los últimos días con el Spotify, me ha llevado a escribir este post.

Si nos ponemos a pensar, es curioso cómo en poco tiempo han cambiado muchas de las cosas que forman parte de nuestra “vida cotidiana”.

Recuerdo el primer casette que trajeron mis padres de Andorra: era un aparato simplemente “maravilloso”; estaba genial, compramos un cable y ya podías grabar los discos en casette y llevarte la música donde quisieras.

Al cabo del tiempo, en otro viaje a Andorra, trajeron un radio-casette, el paso definitivo, todo un lujazo: ya podía grabarme los programas de “Cachi” o Jesús Ordovás, e incluso de Luis Lles, y así guardar para siempre canciones que eran “difíciles” de conseguir.

Más adelante comencé a tener algo de dinero y pude empezar a pedir Lps en Discoplay o Discos del Sur, o a pasarme por Stereo, en la calle Padre Huesca, donde siempre tenían las estanterías llenitas de joyas y Maqueijan sabía recomendarte de manera acertada.

Aunque me gusta la música casi de forma enfermiza, nunca he sido un fanático del soporte en sí, no soy de ediciones especiales, ni de coleccionista, ni de recopilaciones; prefería hacérmelas “a medida” para regalarlas después a mis amigos y compartir con ellos lo que encontraba.

Pero pronto llego a mi vida el CD y la verdad es que me gustó; soy un poquito brozas, lo reconozco, y con esto evitábamos rallar los vinilos y eliminábamos el sonido rasgado de ellos, además de que podíamos “pinchar” con facilidad las canciones que nos apetecían.

Pero fue realmente tras la llegada de Internet cuando la aparición de servicios como el Napster  o  del formato MP3 revolucionaron la industria de la música: la música “pesaba” poco, tenía calidad, y se podía compartir con el “resto del planeta”. Recuerdo que aluciné al ver que, frente a un CD en el que antes grababas unas 12 canciones, con el MP3 grabé 6 CD enteros: fue una pasada, hasta me cambie el cargador del coche por una radio-cd con MP3… !y lo que ahorraba en espacio!

La verdad es que era increíble: ripeé “Mujer y sentimiento” de los Coyotes, de un LP comprado cuando iba a primero de BUP y lo subí a Napster y Emule, y todavía circula por la red…

Poco a poco fueron “entrando” en mi vida dispositivos MP3 que no sólo me permitían tener una gran cantidad de música en un único dispositivo, sino que además podía llevármela donde quisiera. Fui “pajariqueando” con varias marcas hasta que me topé con un iPod, y la experiencia fue diferente y positiva.

El iPod era un dispositivo que sonaba muy bien, con un diseño elegante, robusto y glamuroso…pero lo más importante era que a su alrededor estaba el iTunes que pasaría a convertirse en el auténtico gestor de música de mi pc y de toda mi “vida”.

El secreto del éxito de iTunes es que tú realizas las tareas desde tu ordenador y después, cuando conectas vía USB, en tu dispositivo todo se replica y queda de la misma manera.

iTunes te permite importar los ficheros MP3 que tengas en tu ordenador e incorporarlos a tu “biblioteca” musical, modificarla a tu antojo desde tu ordenador, pudiendo actualizar los tags (carasterísticas) de los MP3  e incluso añadir un jpg con la carátula del álbum simplemente con arrastrarlo en tu iTunes.

El manteniemiento de la “biblioteca” se realiza de una manera sencilla, pudiéndose borrar los ficheros MP3 que tienes en ella y del ordenador en una sola orden; o “ripear” tus CDs favoritos y almacenarlos en tu biblioteca con los datos completos de los mismos (álbum, titulo de la canción, autor, año, género…).

Desde iTunes puedes crear tus propias listas de reproducción, o utilizar las que vienen por defecto como las favorítas (las que tu hayas marcado así), o simplemente las 25 más escuchadas.

Para colmo de bondades el iTunes te permite saber las veces que has reproducido un tema, utilizar su “gestor” Genius para que él mismo sea quien seleccione la música por ti, compartir tus temas favoritos con otros usuarios de tu red iTunes o comprar música a buen precio en el AppleStore.

Toda una experiencia musical con la que pensaba que habíamos tocado techo, tecnológicamente hablando, tuneaba sin parar mi iTunes y me llevaba mi iPod a todos lados: al coche, de viaje, en casa para el hilo musical, o incluso me regalaron unos altavoces portátiles para tener a mi iPod como única fuente de música… estaba encantado, sin hablar de los PodCast, audilibro, pelis, programas de televisión, fotografías o agendas…

Pero hay gente inquieta -y los informáticos lo somos-, la tecnología avanza -y vaya si avanza-, incluso demasiado rápido para los que vivimos de ella.

Y en este avance tecnológico llegó la penúltima maravilla tecnológica que he descubierto y que forma parte del título de este post, el Spotify.

Comencé a “escuchar” hablar de Spotify en las redes sociales, en Twitter y Facebook, la gente contaba lo que escuchaba y lo compartía con su comunidad.

Como no podía ser de otra manera, y para acallar mi curiosidad, comencé a explorar qué demonios era aquello del Spotify. Hacia meses que Jam me había invitado a crearme una cuenta, pero realmente no le hice mucho caso y ahora “deseaba” estar en esa comunidad.

Fue para primeros de noviembre cuando en Tarragona, en casa de un amigo “fanático” del Mac, me acabé de convencer de las bondades de este software…

Básicamente Spotify es un programa que te permite conectar de manera inmediata a una gigantesca base de datos musical y escuchar en tiempo real tus canciones favoritas, pero conectado en la red, en streamming, sin necesidad de “bajarnos” nada a nuestros ordenadores.

El interface de Spotify, es bastante intuitivo, sobre todo para aquellos usuarios que venimos de iTunes, ya que cuando lo abres te da la impresión de que continuas con tu iTunes; con tus listas a la izquierda, la canción que estás reproduciendo con su carátula abajo a la derecha, la lista de canciones que va a reproducir… vamos que parece un calco…

Pero pronto comienzas a llevarte alguna sorpresa: la primera es el buscador; en la esquina superior izquierda disponemos de una pequeña casilla para poner lo que queramos buscar y en la parte central aparece el resultado de nuestra búsqueda, para poder hacer doble click sobre la canción que queramos y que automáticamente comience a reproducirse.

Esto simplemente de por sí ya es todo un avance para los que nos gusta la música, pero las cosas mejoran: esa lista de canciones la podemos ordenar a nuestro antojo, simplemente pinchando en las cabeceras y, lo que resulta más increíble y útil, si pinchamos en el título de la canción, la reproducimos, pero si pinchamos en el intérprete o en el nombre del disco, directamente Spotify nos lleva, a modo de enlace hipertextual, a la búsqueda de ese artista o de ese disco y nos cambia el resultado de la búsqueda por esa nueva que hemos hecho a golpe de click.

Ahora sí podemos decir que tenemos “toda la música del mundo” a un solo click.

Pero Spotify está triunfando no sólo por el fácil manejo de la interface y el acceso rápido a la música sino por la perfecta integración que tiene con las redes sociales y entornos 2.0.

Si tienes una cuenta Facebook, desde Spotify puedes unir ambas cuentas y a partir de ese momento ver  a la derecha a “todos” tus contactos Facebook que han decidido crear un perfil público Spotify; y lo que es mejor, haciendo doble click sobre ellos puedes ver sus listas de reproducción públicas o sus artistas favoritos, pudiéndo suscribirte a sus listas de reproducción a fin de poder tener actualizada y dentro tus listas, una lista de tus contactos.

Sólo con lo contado hasta aquí pienso que ya merece la pena usar Spotify, pero además con él puedes compartir de una forma fácil tus reproducciones en Facebook o Twitter, o enviarles a tus contactos un regalito musical que aparecerá en su buzón de entrada de Spotify.

Todo esto hace que Spotify pase de ser un mero software para escuchar música por internet a convertirse en la manera más sencilla de disfrutar de la música con tu “comunidad”; hasta puedes crear listas colaborativas en las cuales “cualquiera” de tus contactos puede hacer sus aportaciones.

Es importante señalar que existen diferentes tipos de cuentas de Spotify, dependiendo de lo que queramos “pedirle”; gratuitas (Open y Free), que te permiten usar el software de manera libre pero con alguna limitación, como la de 20 horas al mes (para la versión Open que es la que te puedes descargar de Facebook) o con la limitación de poder escuchar únicamente la música online y tener que “aguantar” la publicidad que Spotify mete como mucho cada tres canciones (esto es bastante variable y depende de la hora a la que estés usando el programa). Si quieres prestaciones extra existen dos tipos de cuentas de pago de 4 y 9 euros al mes respectivamente, que te permiten escuchar tus listas de reproducción de manera offline (bajándola a tu ordenador, o dispositivo móvil) y acceder a las novedades musicales que solamente están disponibles para este tipo de cuentas.

Por supuesto -y no lo he contado porque lo he dado por hecho- que con Spotify podemos reproducir nuestras listas de manera aleatoria, comprar online canciones (al estilo iTunes y AppleStore), e importar música en formato MP3 desde tu ordenador o desde tus bibliotecas iTunes.

En definitiva que con él ha llegado la “revolución musical” y que seguro que se va a convertir en una “herramienta” inseparable de los amantes de la música (ya he visto algún bar en Zaragoza que “pincha” con Spotify); si bien no está todo el fondo musical,  bien por ser excesivamente raro o por los derechos de autor, la verdad es que casi un 99% de lo que busque lo encontré.

En el cajón quedaron aquellas cintas de Los Mestizos o La Frontera que grababa en mi adolescencia, y el crujir casi decadente del London Calling de los Clash o el Surf City de los Meteors; si no lo has hecho todavía únete a la comunidad de Spotify, y si ya estás en él comparte con nosotros tu experiencia.

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4 respuestas a El Walkman ha muerto, larga al Spotify

  1. Gabriel dijo:

    Lo curioso de todo ésto, es que teniendo a disposición casi toda la discografía del mundo (aunque faltan muchos), y una cuenta premium, uso spotify, en un gran porcentaje, para escuchar los viejos vinilos que tengo…. una vuelta a los orígenes….

  2. Carlos Costa dijo:

    el mujer y sentimiento abollado ¿lo conseguiste ripear?, no me lo creo, je, je, je

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