Bachibuzuk

Bachibuzik no es más que uno de los más de doscientos insultos a los que el buen Haddock nos tiene acostumbrados a lo largo de su paseo por los álbumes de Tintín acompañando al reportero belga.

Los lectores de Tintín suelen tener un cariño especial hacia Archivaldo Haddock, el contrapunto perfecto, la parte “humana” de Tintín.

Es en el octavo álbum de la serie, “El Cangrejo de las pinzas de oro”, cuando Tintín, colándose por una ventana del Karaboudjan, se encuentra con Haddock “amorrado” a la botella de Loch Lomond tras haber cedido el mando del barco a Allan, su contramaestre, que se convertirá en uno de los bandidos más perversos a los que se ha enfrentado Tintín a lo largo de toda su “carrera”.

Este encuentro “fortuito” hará que ambos se conviertan en una pareja que ya no se romperá en el resto de las aventuras del joven belga.

Haddock me recuerda un poco a Obélix, también contrapunto del héroe de la serie, Astérix.

Haddock no puede aguantar sin su Loch Lomond o sin una buena pipa; se enfada, pierde los estribos y llena las páginas de los álbumes de las conductas más que humanas que le faltan a Tintín. No es políticamente correcto como lo es éste, y reconoce los “defectos” de otros personajes de la saga como el “pesado” de Serafín Latón o Bianca Castafiore.

Heredero de Francisco de Hadoque, pasó a vivir en el castillo de Moulinsart y a financiar aventuras como “El secreto del Unicornio“, pero nunca ha dejado tirado a su amigo. Y aunque intenta hacerse pasar por un aristócrata desde que descubre su pasado y se va a vivir allí, intenta montar a caballo o llevar monóculo, es con su gorra de lobo de mar y su jersey azul como nos gusta verlo.

Una de sus características -y quizás una de las que más llama la atención de este personaje- son sus insultos, esa ristra de palabras que han convertido al Capitán en un personaje hilarante dentro de la saga.

Filibustero, zuavo, bebe-sin-sed, o el conocido bachibuzuk (cuyo significado es “soldado mercenario de un cuerpo del ejercito turco movilizado por orden del sultán en caso de peligro para el imperio Otomano, y que formaba una caballería temible, indisciplinada“), son sólo algunos ejemplos de los más de 200 que Haddock nos dedica en sus diferentes apariciones.

En “El ilustre Haddock. El integral de los insultos del capitán“, publicado por la editorial Juventud, Albert Algoud recoge un compendio de todos ellos; también hay un post en el blog de Juan Royo donde podéis encontrar una buena colección de ellos.

Es ese libro el que me impulsó a dedicarle este post; el libro está precedido por un ensayo, “Del insulto considerado como una de las bellas artes“, y es un libro de obligada referencia para todos los amantes del mundo de Tintín y seguidores de Archivaldo.

En ellos, en los insultos del capitán no hay nada de convencionalismos, de palabrotas o de argot: son vocablos muchas veces cultos que todavía le dan un mayor carácter cómico al personaje.

Los cómics de Tintín no serían lo mismo sin él. Gracias a Hergé por crearlo y compartirlo con todos nosotros.

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